Sara's profile...y detrás de cada huid...PhotosBlogListsMore ![]() | Help |
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...y detrás de cada huida estabas tú......decías que tras la autopista me esperabas para huir... December, 2006 MudanzaDecember, 2006 ...Mundo Madrid......y es que Madrid parece un mundo cuando se ama a un habitante, cuando se comparten los mismos sueños y somos capaces de envolvernos entre las mismas melodías...
...Madrid es eso, un escenario sobre el que nuestra vida se construye y se dibuja en cada calle, en cada banco...
September, 2006 ...De Ti...De ti,
tu mirada, tu ironía tu siete de la suerte, tus heridas... Tus nubes sobrevolando mi vida tus pasos, mis errores, tus abrazos... De ti,
los domingos por la tarde la sensación de ser mejor que nadie; el último eslabón de tu cadena, los besos entre platos de la cena... Ya no sé cómo decirte cuánto me llenas ojalá que este sueño real valga la pena...
__________
Son casi dos meses sin dejar huella en este lugar y en otros muchos que con unas simples palabras hablaban por mí...
Han pasado tantas, tantas cosas que ahora las necesito escribir...
...Volví... July, 2006 ...Nuestro Espejo...Mientras espero la última hora del día
que va envolviendo la noche con su manto mortecino, recuerdo aquella pareja en la sombra del café, ...se que no existía nada más... Quizás ella le contara
cómo había pasado el día, quizás, llegó tarde a una cita o se encontró con recuerdos que creía olvidados
mientras andaba de camino a casa,
una tarde gris en la que ella
puso un punto de intenso color rojo
quién sabe...
Sólo se que ella le miraba hasta aquel día
y él la miraba como quizás nunca llegue a mirar... Ya ha llegado el nuevo día
que me sorprende como tantas veces, borracha de nostalgias y delirios en esta triste habitación... Quizás, vuelva mañana
a encontrarlos en el mismo café para recordarme que todavía no es tarde... [ todo esto, aquella pareja en el café,
es nuestro vivo reflejo...]
June, 2006 ...Preguntas...¿Quién me acompañará a otros mundos?
¿Cuánto tiempo ha pasado desde los primeros errores,
del interrogante en tu mirada?
¿Quién hará cicatriz mis heridas?
¿Quién descubrirá mis mentiras?
¿Quién faciltará mi huida?
...estoy tan perdida...
...soy la asesina de tantas primaveras...
...todo son promesas que se dicen en la cama,
luces que se clavan en tu espalda...
Preguntas,
respuestas vacías en un aire cargado de llamas
que queman
la retina de quien
mira con los ojos abiertos de par en par
para no perderse ni un segundo.
Interrogantes
que se perfilan en los cristales;
que clavan sus afiladas uñas
en mi blando cuerpo de hojalata.
Besos en el aire,
fugaces y sordos,
esperando otros labios húmedos
en los que descansar para siempre.
Miedos que combaten
cuerpo a cuerpo.
Temores que acechan en cada esquina
sedientos de una roja y fría sangre.
Todo queda en nada.
Ya nada es lo que era.
¿Sabes?
...cambiemos el mundo que tu ya has cambiado el mío...
May, 2006 ...Así Soy Yo...Soy tu guía, tu velero, soy las nubes de tu cielo, soy tu barco naufragado...
Soy impuntual, rebelde, soy alérgica al pasado,
soy ladrona de sueños, soy reflexiva,
algo fría y mal mimada...
Soy la última, la primera, soy tu medio, soy tu cero, soy una cría caprichosa,
soy alguien con un punto dulce y un poco loco...
Soy más de lo que parezco,
soy alguno de los momentos robados de tu vida,
soy la que nunca castiga...
Soy la que no te merezco, soy romántica y muy burra,
enérgica, algo apasionada...
Soy tal como me han pintado...
soy amante de la vida, soy la que ha vuelto a nacer
a primeros de Mayo...
Soy la que siempre grita si le da la gana,
soy casi inaguantable todas las mañanas,
soy la que va sin ver a donde tú señalas,
soy quien baila a tu alrededor...
Soy yo, tal como me miras, tal como me ves,
no tengo secretos, ni los quiero tener,
ni trucos de espejo ni caretas de piel,
el alma en la mano y en la otra el carnet.
Tal como me miras, tal como me ves, tal como te tengo, tal como te quiero tener,
tal como es el aire, como el aire.
...así soy yo...
Soy tu princesa encantada,
soy tu estufa al desnudarnos,
soy la noche que vigila mientras tu vuelves de día.
Soy tranquila y positiva,
vitalista y despistada, amiga de mis amigos...
Soy envidiosa, soñadora y algo torpe con las manos
Soy maestra de tu risa, un jinete sin caballo, soy la capitana de todos mis gestos...
Soy la que mirando al cielo se ha abrazado a ti llorando,
soy tus tardes de domingo,
soy quien besa tus encantos,
soy un nudo en tu garganta, soy a la que dices te amo...
...pero soy quien te ha tocado...
...Así soy yo...
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...¿Irrealidad?...
May, 2006 ...Un Par De Alas (Rotas)......Ya no sirven de nada aquellas nubes que había antes...
Cuando se ha marchado la sonrisa de tu boca,
cuando ha emigrado a otro país
en busca de cientos de gestos
que iluminen la tardía y gris melancolía
que brilla en tus pupilas...
Dime ahora; ¿cuándo fue el momento en el que
se hizo insoportable oír aquellos ecos
que golpeaban las cuatro paredes de tu habitación
y gritaban que he soñado otra vez contigo?
Siento si mi único pecado ha sido
pegar con chinchetas de colores
finos hilos transparentes
de los que colgaban tus quebradizas ilusiones...
Dime; ¿por qué esta cárcel tiene oxidados barrotes
en las puertas y abiertas,
de par en par, las ventanas?...
Sólo hay una par de alas para compartir los dos...
si vuelas tú aquí quedo yo;
si vuelo yo aquí te quedas tú...
Te pido, te ruego, que vueles y regreses
cuando el viento y tu seáis uno;
y me enseñes a volar...
...Si amas más el vuelo
quédate en el cielo yo ya apredenré a volar...
Quedan por aquí un par de cosas tuyas,
unas fotos y un disco que no sé dónde esconder;
queda tu perfume en mi jersey...
Aún sigue vivo tu fantasma, me persigue,
ya no se dónde correr por mucho que los grilletes
que acarician sus tobillos
pesen más que las lágrimas que derramé...
Ya no se si estoy despierta,
no se si estoy dormida,
tan sólo se que sigo viva por si piensas en volver...
Esta noche sólo quiero abrazarte
y empaparte de preguntas sin pronunciar un por qué...
...Ahora quédate el cielo;
yo ya aprenderé a volar con la libertad, con la maldita soledad...
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Nunca has podido cerrar viejas heridas,
sentirte libre, sin pesadillas.
Si volviera días de cielos tristes
te invitaría a volar conmigo... cerrar viejas heridas...
...sentir la vida como algo que no duele...
...siempre podrías contar conmigo...
Entiéndeme; nunca he podido enfrentarme
a las cosas sin hacer ruido...
...No quiero más nubes que me hagan volar al son de tu movimiento de manos...
April, 2006 ...Nubes...Hoy por fín me acuesto y esta vez hay flores
en la cama donde voy a descansar;
mariposas que me acarician
aunque esta vez no existan en mi pensar.
Me haces volar desnuda
compartiendo ilusiones,
imaginar locuras de todos los colores
y respirar ternura durmiendo entre algodones.
Hoy la luna se ha tumbado sobre el mar
y mis nubes se han marchado más allá de tí;
la tormenta se ha alejado
y puedo salir tranquila a volar.
Hoy la noche no oscurece mi camino, las estrellas me han prestado su brillar
y con millones de sonrisas
me muestran que algún día volverás...
Y me harás volar desnuda...
_________________
Tú consigues ver las estrellas
detrás de las NUBES,
puedes sentir los olores del ARCOIRIS.
Conseguiste hacer de la fría noche
un cálido amanecer...
...siempre estás jugando con la luz...
April, 2006 ...Silencio...
- ¡¡...Sssshhh...!!
- ¿Qué pasa ahora?
- Por favor, ¡calla!
- ¿Por qué me pides que cierre la boca cuando quieres oír de mí miles de palabras en decenas de idiomas desconocidos?
- No hay idioma que valga en este instante. ¿No te das cuenta? Ahora, cuando él pase, da igual qué lengua uses; el silencio es un idioma universal en el que no hace falta ningún sonido; tan sólo tú y un espejo.
- ¿Quién es él...?
- Habla bajito. No te asustes; ahora enmudecerás mientras que él sobrevuele nuestras cabezas. ¡Mira el cielo azul que quise mostrarte un día!... Ese era mi regalo.
Miré al cielo... una escalera de caracol bajaba de entre las nubes. Poco a poco una figura que emanaba rayos celestiales bajaba por ella; diminutas mariposas rojas le rodeaban al son de una canción que enmudecía mi garganta a cada gesto suyo.
Aquel ángel pasó de puntillas, sin hacer ruido... llenó de interrogantes ese instante, me robó la voz suavemente mientras que tú me cogías de la mano porque supiste leer en cada uno de mis gestos que tenía miendo del futuro, de no saber llenar un espacio hueco con algo que no fueran palabras. Abrí a fondo mis cajones, me desnudé deintenciones mientras que tú te vestiste de complejos y temores.
Silencio.
- Jamás puedes estar callada, ¿verdad? No aprendiste a disfrutar de él en este tiempo, ni siquiera sorportaste el roce sus alas rozando tu rostro.
- Sé qué es el silencio; pero muchas veces lo lleno de melodías, de tintineos de campanillas, del traqueteo de las teclas... Tengo miedo a que ese ángel un día no sólo se lleve mi voz, sino que te lleve a tí con él; temo que la soledad me envuelva entre sus sábanas y me mezca hasta caer dormida.
- ¿Sabes? Hace tiempo que tus labios me saben a conocido, nada añaden al silencio de tu cuerpo junto al mío.
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Hay veces que alguien te roba la voz;
desde allí ella me la devolvió pero ahora...
de tanto oír hablar de ese ángel su voz se apagó.
Ya no te pido que vuelvas.
Mejor quédate allí.
April, 2006 ...La Noche Se Nos Hacía Más Y Más Lúcida... (CuentaCuentos VIII)La noche se nos hacía más y más lúcida. La cordura comenzaba a brotar del fondo de esas copas vacías de vino que estaban en la mesa de la cocina y que, horas antes, habían saciado nuestras ansias de permanecer extasiados de alcohol toda la madrugada.
Aquella noche no sólo prometía tumbos serpenteantes
por los pasillos ni carcajadas estridentes que chocarían con las paredes de ese enorme piso en el centro de Barcelona; aquella noche era la punta de un iceberg que durante meses había sido construído con cuatro manos frías por la ausencia de un cuerpo caliente que tocar.
Siempre oí que uno más uno nunca sumaban dos, pero esta vez no era así. Durante unos días traté de huir de una ciudad que embalaba mi alma con millones de plásticos impidiéndome sentir mi propio pulso; dejando reporches, miedos y algún que otro temblor de manos que mostraba una de mis debilidades: tú; y así llevar a Barcelona un arrojo desconocido por mí hasta ese momento.
Me subí al avión mientras me perdía por esas canciones que drogaban mi mente y la hacían sucumbir a delirios inactivos durante mucho tiempo.
Antes de llegar a tierra firme miré por la ventanilla y un enorme sol me daba la bienvenida. Sonreí hacia dentro. Esta huida me hacía estremecer conforme mis pasos se acercaban a los suyos.
Tras recoger la maleta y deambular por los largos pasillos que conducían a esa ciudad encantada por sus ojos, mi móvil sonó.
- ¿Sara? ¿¡Dónde estás!? Hace veinte minutos que tu vuelo ha llegado; ¿va todo bien?
- Date la vuelta. - Dije emulando una de esas películas que nunca me canso de ver.
En ese instante él giró la cabeza y una amplia sonrisa se dibujó en su cara. Guardé el móvil, solté la maleta y ambos abrimos los brazos para acorralar al otro con infinita fuerza. Cerré los ojos dejando sentir sus palpitaciones y ese aroma dulzón de aquel perfume que meses atrás le regalé. Al compás, nuestros cuerpos se estrecharon aún más; demasidas semanas sin vernos, muchas noches pegados al teléfono con centenares de kilómetros por medio. Los segundos se hicieron milésimas en aquel aeropuerto de la ciudad condal; el tiempo se escapaba por entre nuestros dedos sin dejar que saboreáramos cada aliento.
- Después de esto vendrá la despedida... en unas horas, en unos días. Te diluirás de nuevo. - Dijo mientras seguíamos abrazados.
Escapé de entre sus brazos y le miré a los ojos.
- ¿Sabes? Yo soy insoluble, ni siquiera bajo el agua me descompongo en miles de pedazos... pero, ahora que lo pienso, tienes razón; tan sólo soy soluble en tus labios, me derrito en ellos. - Sonreí, la felicidad se desbordaba por mis ojos.
- ¿De veras? Eso habrá que comprobarlo. - Se acercó y me besó. Miles de pétalos de flores giraban a gran velocidad formando un círculo de cuyo centro emergíamos sólo nosotros dos. Esa frialdad de la que yo a veces pecaba dejaba paso, poco a poco, a unas pequeñas llamas que, en cierta manera, avivaban ese deseo de derretirme.
Medias sonrisas, miradas llenas de significado y algún que otro roce de manos ocurrían mientras salíamos de aquel montruo de lata que cada día recibía con los brazos abiertos a miles de almas que buscaban un cobijo donde resguardarse, colores que encendieran sus grises vidas o, simplemente, un lugar dónde poder despojarse de las garras de una rutina que les acorralaba en cada esquina.
Salimos a la calle. Una marea de taxis negros y amarillos invadía el lugar; las bocinas estridentes y los gritos me despertaron de aquel sueño fugaz en el que escasos minutos antes había caído. Él levantó la mano como si quisiera parar la brisa que jugaba con mi pelo y paró un taxi.
- Al Paseo de Gracia, por favor. - Dijo sabiendo que aquella dirección no era la de siempre.
- ¿Qué se nos ha perdido allí? - Susurré ojiplática.
Rió mientras que, del bolsillo del pantalón, sacaba un papel. Lo desdobló y me lo mostró.
Roquer Jardinets
Pg. de Grácia, 122
- Mmmmm... Si no es un piso, ¿qué lugar es?
- ¿Y a tí quién te dice que eso no sea un piso? - Dijo en tono vacilón. - No, no es un piso Sara; es un lugar; sólo eso. Tengo una cosa encargada y bueno, como has llegado pronto, nos da tiempo a recogerla. ¿No te importa, verdad? - Había una dulce malicia en sus verdes ojos, ocultaba algo.
- ¿Importarme? ¿A mí? ¡Si me da igual! Luego eres tú quién se queja que después viene la despedida demasido pronto. - Mi ironía salió a flote de no se dónde; si en ese momento me hubiera mordido la lengua... hubiera muerto envenenada.
- Aiiins, Sara... me gusta cuando hablas por hablar, sin saber. - Sonrió y me dió un beso en la mejilla - Te sorprenderá ese lugar, créeme; más a tí que a mí. Es un lugar al que yo muchas veces huyo, me pierdo entre aquello que tapiza las paredes; te diría algo más... pero tan sólo unas calles más arriba y verás de qué te hablo.
Esas calles más arriba se me hicieron una eternidad, el traqueteo de la radio del taxi me ponía nerviosa y la jauría que había en las calles no ayudaba a calmar ese nerviosismo.
Siete minutos eternos. El frenazo seco del taxi me despertó de mis fantasías ilusorias que mi mente tejía. Bajamos y él me cogió de la mano.
- Aquí es. Entremos.
Un escaparate repleto de libros antiguos dibujó en mi cara un sonrisa tímida.
- Una librería. ¿Qué tiene ésta de especial?
- No seas impaciente. - Abrió la puerta, dejándome pasar primero. Nos acercamos al mostrador. - Buenos días, tenía un libro encargado; está envuelto y hay un pequeña pegatina en él que dice Sara. - Me miró de reojo y un rubor carmín coloreó sus mejillas.
- Un momento, voy a mirar en el almacén. - Pasaron unos diez segundos en los que ambos cruzábamos miradas afiladas como cuchillos. - Sí, aquí está. Tome.
- Muchas gracias. - Dimos media vuelta. - Feliz día. - Dijimos al unísono los dos.
Nada más salir el silencio se adueñó de aquella situación; estaba confusa. ¿Un viaje lleno de ilusiones para luego perder el tiempo en una librería? ¿Qué demonios hago aquí?
- Ven, vamos a ese banco. Tendré que darte ese regalo, ¿no crees?
Asentí. Me senté y empecé a seguir con la mirada los pasos de una negra y diminuta hormiga que correteaba por entre las baldosas.
- Toma, espero que te guste. Es una estupidez de regalo pero quería mantenerte en vilo más tiempo... no puedo aguantar más. - Me tendió el regalo.
Daba pena romper ese papel, hadas con amplias alas transparentes y brillantes con preciosas hiedras adornando su pelo. Despegué el celo y frente a mis ojos un libro.
- Ábrelo y lee la primera hoja. - Así lo hice.
Recuerda que tú existes tan sólo en este libro,
agradece tu vida a mis fantasmas, a la pasión que pongo en cada verso por recordar el aire que respiras, la ropa que te pones y me quitas, los taxis en que viajas cada noche, sirena y corazón de los taxistas, las copas que compartes por los bares con las gentes que viven en sus barras. Recuerda que yo espero al otro lado
de los tranvías cuando llegas tarde, que, centinela incómodo, el teléfono se convierte en un huésped sin noticias, que hay un rumor vacío de ascensores querellándose solos, convocando mientras suben o bajan tu nostalgia. Recuerda que mi reino son las dudas
de esta ciudad con prisa solamente, y que la libertad, cisne terrible, no es el ave nocturna de los sueños, sí la complicidad, su mantenerse herida por el sable que nos hace sabemos personajes literarios, mentiras de verdad, verdades de mentira. Recuerda que yo existo porque existe este libro,
que puedo suicidarnos con romper una página. Mis ojos repasaban cada milímetro de aquella hoja, releían el mismo verso una y mil veces.
- Esto... esto... - No supe qué decir. - No rompas ninguna página, suicidarse es de cobardes y nostros no lo somos; nunca lo hemos sido. - Me levanté del banco y le abracé como jamás había hecho antes. - Te quiero.
- ¿Sabes qué? Voy a pintarte un nube en medio de Barcelona.
La tarde caía sobre Barcelona. Los naranjas, los ocres, los amarillos pálidos... tintaban el cielo con un bello azar. Los pájaros sobrevolaban la ciudad acechantes a cada movimiento; las horas pasaban sin deternerse un sólo instante.
Aquella tarde paseamos por el Barrio Gótico, nos perdimos entre la multitud que se agolpaba a pie de la catedral y nos contamos las teselas de todo el Parque Guëll. Fotografiámos con la mente cada gesto, cada palabra ausente.
La noche comenzaba a caer sobre nuestras cabezas y el hambre rugía en nuestros estómagos.
Anduvimos casi una hora hasta llegar a su casa, no sin antes haber comprado algo de vino para acompañar la cena.
Abrió el enorme portón de madera que cerraba su casa a cal y canto y encendió las luces.
- ¿Quieres darte una ducha? - Asentí. - Bien, entonces voy preparando la cena, ¿te parece?
Abrí mi maleta y saqué la toalla, el neceser y algo de ropa. Me metí en la ducha presa de un pánico escénico, no quería que me viera desnuda; aunque, la verdad, tiempo atrás lo había hecho. Abrí la llave del agua con ciudado, queriendo sentir el aumento de temperatura en mi cuerpo. El vaho empañaba los cristales de un ventanuco que daba a un patio de luces, mientras que poco a poco, mis poros se abrían llenándose de sensaciones nunca antes sentidas. Terminé de ducharme. Me envolví en mi toalla de algodón, me sequé y comencé a vestirme.
Un suculento olor volaba por el pasillo y llegaba tímidamente al cuarto de baño. La boca se me hacía agua. Caminé hacia la cocina.
- ¡Qué bien huele! Tengo un hambre... - Se acercó y me ofreció una copa de vino. Me la bebí de un trago. Una, dos, tres... copas de vino mezcladas con risas y besos.
- Ve poniendo esos platos que están ahí - Señaló hacia una mesa. Me acerqué a ésta y un papelito encima de los platos llamó mi atención. Lo leí.
Más allá de la sombra
te delatan tus ojos, y te adivino tersa, como un mapa extendido de asombro y de deseo. Date por muerta amor, es un atraco. Tus labios o la vida. - Con que un atraco... no sé qué darte; si mis labios o la vida. Realmente mi vida es casi tuya... así que si te la diera no te sorprederías; mejor te doy mis labios; ¿qué te parece?
- Perfecto. - Se acercó y me besó dulcemente.
Sus dedos jugaban con mi pelo, su cadera se acerca a la mía con suavidad, pidiendo permiso. Poco a poco nuestros cuerpos se drigían como un imán a su habitación...
- ¿Qué te parece si vamos a tu habitación rompiendo cremalleras? - Ambos reímos, pero por dentro gitábamos un sí ensordecedor. Revolcones, te quieros, promesas, besos, sudor, risas, mordiscos... todo impreso en aquellas sábanas.
Ahora estamos tendidos sobre su cama, mirando al techo blanco que está sobre nosotros mientras deseamos, cada uno en su propio silencio, que éste desaprezca y nos muestre el cielo. En ese instante giré la cabeza para mirarle y ya sus ojos estaban buscando lo míos... le susurré al oído:
Si alguna vez la vida te maltrata,
Despedida. Aún quedaban dos días para eso. Son las seis y veinte de la mañana y tras el cristal de la ventana los primeros rayos de luz emergen tímidamente mientras dudan si llegar a mis ojos para despertame con una terrible jaqueca muda.
Más historias partiendo de la misma frase en:
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Para tí;
gracias por pintarme una nube en ese lugar.
Que las impresiones
sigan pintadas en las sábanas blancas.
April, 2006 ...Mientes, Ya No Te Creo...
Tú y otra vez tú... pero a tí eso te da igual.
Mientes tan mal que no sabes si es de noche
o es de día ya.
Conozco esas palabras y sé que escondes algo más que no me vas a contar.
Mientes.
La próxima vez será mejor que cuentes toda la verdad.
Mientes.
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Desato poco a poco la venda que tapaba mis ojos.
No sé qué es conocer, indagar en tí... olvidé leer entre las líneas que me escribes tras mi huida.
Sé que esta vez ya no estás, dudo si estarás algún día.
Tan sólo me queda refugiarme en mis miedos, en aquellos rincones en los que ni siquiera mi sombra sabe acomodarse a mi figura.
Sopla fuerte, pendo de un fino hilo.
Caeré.
April, 2006 ...Ella Está Muda...Ella hoy no habla, ni una palabra sale de sus dedos... ni siquiera su cabeza loca construye palabras nuevas. Soy incapaz de arrancarla una sonrisa con esas palabras que un día atrás inventé.
- Dime, ¿qué te pasa? - Un gran interrogante se perfiló en mi cara; pero ella no podía verlo... hay veces que una pantalla de ordenador es algo más que una muralla invencible.
- Nada.
Silencio. Las teclas del teclado no hacían ruido ni martilleaban mi cabeza.
- Mmmm... hace tiempo que aprendí a leer entre líneas, a deducir estados de ánimo; pero contigo... es diferente. ¿Te crees que soy tonta, verdad?
- No.
Aquellas dos letras se clavaron como puñales en algún rincón de mi cuerpo. Por algún lado empezó a sangrar.
Ella jamás creyó en los ángeles; en verdad los odia. Un día me enseñó a volar desde el suelo, me mostró unas alas blancas y enormes... que ese mismo día guardó en una caja bajo la cama.
Siempre pone barreras a todo aquello que roza con los dedos, quiere a escondidas mientras que miles de mariposas vuelan por su tripa, se engaña cada segundo creyendo que, tal vez, su ángel vuelva a rescatarla... pero mientras tanto huye, se enconde y persigue sueños; algunos rotos y otros no.
Pero hoy no habla. Murmura consigo misma, frente a espejos que son su sombra; busca respuestas que ni siquiera sé cuáles son.
- Prometo enseñarte el cielo. - Me dijo un día.
- ¿De veras?
Dudo que su cielo sea el mismo que el mío... hay días que lo pinto con una brocha bien empapada de pintura azul; luego, con un pincel fino, dibujo pequeñas estrellas en el cielo, tantas como sueños fabrico.
Alzo la cabeza y ese cielo está gris, como ella. Llueve al otro lado del cristal... espero que no sean sus lágrimas mientras explotan en suelo.
...Vuelve...
Ya no voy cortando rosas de camino hacia tu casa pues a la vuelta las he ido quemando para que nadie pueda llevarlas... pero si puedo esparcir de un soplo sueños y sonrisas.
March, 2006 ...Al Día Siguiente De Decir Adiós..."Suena la flauta del alba, flauta de muerte que acecha, alguien se atrevió a soñar con la cabeza despierta..."
Y te busqué en los relojes de mi habitación,
en la pantalla del televisor y no quisiste aparecer...
Y perseguí tu rastro por el viejo bulevar,
por los lugares dónde solías ir y no te pude encontrar...
En las imágenes de antiguas fotos,
en los retales de ese corazón
que tu dejaste triste y casi roto al día siguiente de decir adiós...
No puedo encontrar mi estrella;
navego en la botella por un oscuro bar...
ayer intenté parar el mundo
pero este loco mundo no se deja alcanzar...
Y te busqué con tantas ganas que llegué a pensar
que no existía nadie más que tú, que tu no existes nunca más...
Y en las palabras que un mal día dijiste,
en los andenes de la estación,
en las canciones con las que te quise,
al día siguente de decir adiós...
No puedo encontrar mi estrella; navego en la botella por un oscuro bar... ayer intenté parar el mundo pero este loco mundo no se deja alcanzar...
Y yo que veo como pasa el tiempo...
que todo en un momento puede echar a volar.
Confío en encontrate todavía,
no olvides que la vida es un disco en espiral...
...Si no ves más allá de tu horizonte estaremos perdidos...
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Dicen que quién busca, encuentra.
Yo busco, indago, persigo e incluso sueño
para vencer al cansacio;
pero todo es vano.
No hay estrella que valga
ni isla dónde naufragar,
nada sirve sin no hay a quién aferrarse.
Odio las despedidas,
jamás se oye de mi boca un ADIÓS,
cinco letras que se clavan
en alma como puñales de acero;
que dejan heridas,
y cictrices que ni tan siquiera
tú puedes curar.
March, 2006 ...Sólo Me Estaba Pidiendo Una Respuesta, Y Eso Era Lo Que Me Aterraba... (CuentaCuentos VII)Sólo me estaba pidiendo una respuesta, y eso era lo que me aterraba. Siempre fui presa de un miedo que me encerraba entre unos límites invisibles para los demás pero reales e irrompibles para mí.
Aquella noche mi cuerpo se movía al son de la ebriedad, por mis venas corrían litros de alcohol barato que calmaban con fuerza mis debilidades y torpezas constantes.
Las calles estaban vacías, ruídos desconocidos gritaban a la vuelta de la esquina clamando una ayuda que no estaba a mi alcance. La oscuridad no sólo se cernía sobre mi cabeza, sino que cada paso dado apagaba la escasa luz que irradiaban las claraboyas.
Llegué al portal dando tumbos e introduje la llave en la cerradura. El calor que emanaban los restos de leña de la chimenea despertaron por completo aquellos sentimientos adormecidos no solo por el alcohol; también por el viento frío y cortante como navajas de acero.
Me acurruqué en el sofá con las rodillas dobladas y rodeándolas por mis débiles brazos que antes eran cuerdas que ataban con fuerza cualquier alma que quisiera ser encadenada. Mi cuerpo temblaba con suaves espasmos que evidenciaban algo más que frío. Cerré los ojos y volví la cara a un mundo que tan sólo me pedía respuestas; unas respuestas que terminarían por hilvanar finísimos hilos amarillos como el sol de otoño. Sucumbí a sueños construídos con espirales coloreadas de verde esperanza en las que tú no entraste.
Cansada de raspar emociones en corazones duros como piedras y de encubrir momentos huidizos con sólidas máscaras sin facciones, abrí los ojos con una terrible resaca que martilleaba mis sienes con potentes martillos metálicos. Me desnudé sin prisa delante del espejo mientras que, de reojo, observaba cada pliegue de mi cuerpo con cierta curiosidad. Mis brazos dejaron de ser vigorosos para estar vacíos de abrazos; mis manos terminaron por arrugarse al no encontrar otra mano que sostener con delicadeza y mi mirada, encedida siempre con un vivo rayo de luz plateada, se apagó tras fuertes ráfagas de insesatez y pérdida.
Desnuda y cabizbaja me metí en la ducha. El peso de mis cabellos mojados hace que mi cabeza se incline hacia atrás, cada poro de mi piel ahúya otro cuerpo en el que esconderse, mientras que mi cuerpo se rinde al placer del vaho caliente, de jugar con mis manos rozando cada resquicio de mí.
Varios minutos de huida en el cuarto de baño bastaron para desdibujar sombras negras y colorearlas de gris perla.
Respuestas. Al fin y al cabo sólo es eso.
Mi boca se abre para pronunciar palabras cosidas son delicadeza pero mi voz se entrecorta en cada gesto dado, en cada intento de salvarme del mundo. Ejerzo siempre de carcelera de mi propia prisón de ilusiones rotas y desvanecidas, de sueños mermados por la codicia de otros y la cobardía absurda de una misma.
Nos amamos en los coches en medio del campo; nuestra desnudez era compartida con la soledad de aquel lugar. Nadie más existía en ese instante; un instante en el que goce irrumpía en nuestras monótonas vidas dotando nuestros cuerpos de una fuerza salvaje que hacía girar al mundo en sentido contrario al marcado por las embestidas. Después de eso siempre venían las preguntas, la mala conciencia que me carcomía viva.
Nuestra respiración se convertía en una sola, nuestras pieles se tornaban brillantes con pequeñas gotas de sudor dulce y afrodisiaco. El sentido del tacto tiene memoria y ahora más que nunca. Caricias, abrazos, cosquillas y besos configuraban un código que hablaba en mil idiomas distintos pero que nosotros interpretábamos con una perfección sublime. La fusión era total y la metamorfosis que nuestros cuerpos sentían nos hacían volar como si pequeños polvos de hada hubieran sido esparcidos. Ya no nos reconocíamos, todos los sentimientos habían perdido la batalla contra la mentira y el olvido.
Aterrada por dar más vueltas que un reloj y cansada como si hubiera participado en una carrera de obstáculos que no lleva a ninguna parte; salí de casa. Silencio.
Me arrepiento de haber cambiado la calma que corría por mi ser por una tempestad que me lleva a la deriva en esta ciudad triste y deshumanizada. He cambiado las islas en las que naufragar por cristales que duelen al pisar y acero que oculta mares de inconsciencia burbujeante.
Llamadas a media noche y el repiqueteo de culpas sobre el cristal en el que encerraba mi alma eran más que señales a respuestas inoportunas que me robaban el sueño que Morfeo me regaló años atrás.
Todas sus sospechas eran ciertas, las mentiras habían sido eso, mentiras. Trucos fáciles y baratos de ocultar realidades construídas por mí sobre cimientos sólidos como rocas, pero algo o alguien, como si de un fuerte vendaval se tratara, arrancó de cuajo todo ese edificio de mentiras y falsas apariencias que fingía cada mañana frente al espejo. ¿Cómo pude hacerte partícipe de un drama eterno? No me hubiera importado morir en ese momento si esa muerte me hubiera calentado alguno de mis entumecidos huesos.
- ¿Sigues queriendo mantener mi alma unida a la tuya? - me dijo mientras alargaba su mano intentando rozar, a escasos milímetros, mi cara.
Un silencio rotundo se asentó entre nuestros cuerpos borrando recuerdos rememorados con ansías de repetición.
- Sabes que todo pende de un hilo muy fino, casi invisible. Quién sea el primero en moverse lo romperá para siempre y con ello se llevará el alma del otro. - Dije convencida de mí.
- Yo no voy a moverme ni un ápice de esta baldosa. ¿Ves mis pies? El equilibro es lo que me falla muchas veces pero tú fallas aún más. ¿Quieres que sople con fuerza? Verás como eres tú quién se mueve y rompe el hilo. - Me delató. Sopló.
Mi cuerpo se balanceaba con un ritmo descompasado; mis pies luchaban por ver cuál se mantenía más tiempo fijo sobre el suelo. Ambos perdieron la competición; caí al suelo.
- Yo... yo... lo siento Pablo. Toma. - Alargué mi mano. - Esta es tu alma. ¿Ves? Está impoluta, vírgen. Consérvala. La mía está podrida, oscura... tan sólo yo puedo devolverle su juventud y vitalidad; mientras tanto moriré en vida, atada a tus recuerdos, al acero y al cristal que empaquetan Gijón.
Su figura se fusionó con la mía un instante en el que su calor aceleró mi pulsación.
- Volveré. No olvido esas noches en medio del campo... ni el sabor adictivo de tu sudor.
En ese momento mi alma quedó suspendida del aire y explotó en mil pedazos... mi ser se volatizó para siempre.
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...prefiero que mi alma se hubiera volatirizado
en millones de diminutos pedazos;
a que me hubieran abierto el pecho en canal
y, con una fuerza sobrehumana,
me hubieran arrancado el alma...
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Siempre es duro decir adiós,
dejar marchar a quién ilumina los grises días.
Ellos estarán vivos mientras tú:
les recuerdes.
Tranforma tu mente en un cofre dónde guardar
los recuerdos, momentos, conversaciones... todo.
Ve preparando el mando de "pley",
las sábanas de los Simpson
y el cepillo de dientes que ¡allá voy!
Para tí :)
March, 2006 ...¿Salvación?...No recompuse ninguno de los trozos en los que me desintegré. Nadie me ayudó a hacerlo; los cristales cortaban demasiado por unirlos uno a uno sin levantar heridas y desparramar sangre por el suelo.
Anoche bajo el edredón de plumas mi cuerpo se agitaba con fuertes espasmos... el frío hizo acto de presencia en mi habitación, entró sin llamar y se acomodó dulcemente entre mis manos y mi alma. Un aire gélido siseaba por debajo de la puerta clamando una salida por la que escapar al mundo sin fin.
Mis manos, escondidas debajo de la almohada, auyaban un grito ahogado que tan sólo mis terribles sueños pudieron escuchar. Ansiban salir de su escondite y alcanzar esa colina empinada en la que tú estás... inmóvil y sereno. Todo en vano... no sé explicar a mis manos aquello que es imposible en la realidad, no puedo engañar y ocultar verdades que arañan el alma; aunque sí puedo engañarme a mí misma cada vez que me miro en un espejo.
No hay explicación que valga, nadie me escucha al otro lado del cristal... nadie me sostiene con hilos invisibles para ayudarme a mantener, al menos, los pies a un centímetro del suelo de Madrid.
Sueño sin remedio, con locura y desenfreno... imagino irrealidades, fabrico utopías que arrancan de cuajo cada ilusión mantenida y alimentada por absurdas y falsas quimeras.
Mi cuerpo en mil pedazos en inservible, una simple carga que pesa más que una losa de piedra enmohecida. En cada paso que doy pequeños cristales se clavan en mis pies... creí haber borrado todo rastro de mi existencia. ¿Encontraste algún cristal por cada esquina, por cada gris avenida? Guárdalo.
Esta noche cerraré los ojos, abriré las manos, soñaré despierta y explicaré por qué te sueño mientras grito:
¡¡...Sálvame de mí...!!
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No hay puzzle que valga
ni palabra que cure cada herida.
No hay alivio que calme la sangre derramada.
No pude pegar ni un sólo cristal,
ninguno encajaba;
por eso tengo que construírme de nuevo,
crear otro mundo onírico,
palabras nuevas que evoquen deseos escondidos.
Dejaré de ser frágil para convertirme
en alguien duro como una roca;
nunca debí mostrar al mundo mis debilidades,
mis penas, mis sueños más profundos,
mis ácidas lágrimas...
que al explotan agujereaban el suelo.
Todo eso lo usaron en mi contra.
....Tocada y hundida...
March, 2006 ...Todo Es Frágil...
Hoy más que nunca me siento frágil...
como si fuera un fino cristal
que alguien lanza con fuerza al vacío.
Miles de pedazos de mí
esparcidos por el suelo Madrid.
¿Cómo recomponerme en un solo ser?
Todo es frágil :
Mis sueños hilvanados de oscuras mentiras...
...mi tembloroso pulso
que hace perder fuerza a mis manos...
... mis gritos ahogados entre mi pecho y garganta...
...la mano que me sostiene
cuando tengo miedo del futuro...
...mis sonrisas pintadas de trazos coloreados
que con un simple borrón desfiguran mi cara...
...mis vuelos hacia el cielo, a lugares prohíbidos; mis alas volvieron una vez más a fallar...
Todo es frágil
Tan solo me queda intacta la memoria:
Recuerdos, utopías, ilusiones, escondites...
...huidas...
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Reconstrúyeme...
sola ya no puedo.
Perdí algunas piezas y todas las que encuentro
no encajan con ninguna.
Soy un puzzle sin uniones...
"Te miro y planeo una vida contigo cargada de sueños..."
Fotografía: Fragilidad - Ismael Serrano
March, 2006 ...Mentir-ME......Subida a tu terraza me planteo si será una ilusión... no me lo creo... ¿yo miro y tú te escondes hacia dentro cerrando aquel portón?...
Fue la imaginación quién marcó a fuego en mi piel aquel instante; una luz fantasmagórica en medio de millones de gotas de agua que desgarraban Madrid en jirones de locura.
Sólo una imagen y decenas de colores que flotaban como hojas secas empujadas por el viento sin un sentido definido.
Estoy cansada de recrear aquello en mi mente, de falsear la realidad para perfilar sobre un espejo una sonrisa cuando me reflejo en él... Nada de eso ocurrió, no me subí a ninguna terraza porque en esta inmensa y monótona ciudad no existen; ¿o sí? Miro hacia arriba y sólo encuentro edificios que se imponen en medio de un cielo que cada día está más lejos de mis pies... que no aguarda mi cabeza porque algo le arrebató ese poder tan preciado. ¿Qué me queda entonces? Ilusiones fabricadas de cosas imposibles.
Me miento cada día al asomarme al mundo y ver que se oculta a mis ojos; siempre quiero pensar que está demasiado ocupado para bajar y sentarse a mi lado a escuchar mis miedo, mis temores... Otras veces pinto en el aire una terraza para que nadie llegue hasta ella y subo infinitas escaleras hacia el cielo para alcanzarla pero nunca llego... los pasos entre la ilusión y la realidad tienen un principio pero no un fín.
LLueve y las gotas deshacen cada dulce empeño que sale de mis poros, todas ellas intentan mentirme a cada paso que doy, quieren nublarme la vista con imágenes que amenazan los recuerdos que encerré en mi quebradiza memoria. Quiero intentar espantarlas, agito los brazos con violencia como si intentara escapar de millones de motas de polvo asesinas... todo es en vano.
Las frías y grises gotas de lluvia me aplastan contra el suelo, acortando mis ansias de volar y desplegar mi batería de sueños y balas que usé para atacar vagabundas almas. Sólo le pido una cosa antes de acabar pisoteada en medio de las aceras de Madrid... quiero que la lluvia se lleve todo el color y el agua se convierta en regueros multicolor que alcancen cada esquina para vaciar el dolor tranformándolo en besos dulces que hagan desaperecer la amargura de quién jamás besó con pasión y cerrando los ojos para envolverse en su sabor... que haga desaparecer esa luz que tienes dentro... pero sobre todo que se lleve mi imaginación a los confines del mundo; no la necesito más... no tengo una terraza para echarla a volar...
March, 2006 ...Caminando Por La Orilla... (CuentaCuentos VI)Caminando por la orilla entre la realidad y el sueño me desperté con la ropa pegada al cuerpo, sudoroso. La respiración marcaba la fuerza con la que mi corazón latía; vigorosas pulsaciones atolondraban mi cabeza y la hacían casi estallar en mil pedazos que volarían hasta las impolutas y blancas paredes que me cercaban convirtiéndolas en un mar de sangre seca.
Eran las siete y veinte de la mañana y afuera la lluvía golpeaba el amplio ventanal que alimentaba de luz aquel loft de la Ciudad de La Luz. París. Un sueño hecho realidad.
Me levanté de la cama y me dirigí al cuarto de baño para empaparme la cara con agua fría. ¡Plas, plas! Aquellas diminutas gotas de agua congelada se incrustaron en cada poro y despertaron cada pliegue de mi cara al son de la comparsa que marcaba el bullicio que tenía lugar al otro lado de la calle. Voces, ruidos de motor, bocinas ensordecedoras... el mundo seguía vivo mientras yo aún me encontraba entre la espectación y las maravillas de París.
Un día alguien me dijo que la vida se construye a base de sueños y de intentar perseguirlos permaneciendo cada día a su sombra pero siempre acechantes, vigilando cada paso, cada movimiento. Siempre me acostumbré a dejar que los demás decidieran por mí y tomaran las riendas de mi vida: una vida simple, sin momentos de euforia ni metas a corto ni largo plazo... hasta aquel día.
Era un martes de diciembre y en Vigo el frío coloreaba mis orejas y la punta de mi nariz de color rojo. Una pequeña librería cerca del Paseo Marítimo me llamaba a gritos; tenía un escaparate minúsculo repleto de pequeños libros amarillentos y con una espesa capa de polvo. Empujé la puerta y mis ojos encontraron una absoluta oscuridad.
- ¿Hay alguien?
El silencio parecía ser lo único que había en aquel lugar. Encendí un mechero que llevaba en el bolsillo y recorrí la estancia con paso lento y firme. Decenas de libros adornaban las paredes sin dejar un sólo hueco vacío.
- Lucas, te estaba esperando. Has tardado mucho en dar con este lugar. Te creí más inteligente. - Aquellas frases salieron de algún escondrijo que tan siquiera pude percibir.
- ¿Quién habla? Es la primera vez que veo este lugar, entré por curiosidad. - Me temblaba la voz.
- La curiosidad mató al gato; ¿lo sabes, verdad? Ven, acércate, tengo algo para tí.
En ese instante la luz se encendió y pude ver su figura; robusta pero a la vez pequeña y abatida; miles de arrugas surcaban su cetrina cara; sus oscuros ojos denotaban el vacío que la edad les otorgaba. Se acercó lentamente y me tendió un sobre. Lo abrí. Mi sueño en un arrugado y manoseado sobre.
- ¿Qué significa esto? - Dije alargando mi brazo hacia él con enorme desprecio.
- Tu sueño. ¡Ya está bien que los demás decidan por tí! Tu vida está suspendida de unos hilos invisibles que sólo tú puedes mover a tu antojo en la dirección que más desees. Es hora de que dejes que los demás dirigan esos hilos, ¡apártales!, tú eres el único director y actor de tu función, de tu vida. ¿Cuántas veces has gritado al viento tu mayor deseo? Ninguna, ¿verdad?
Asentí avergonzado.
- Hace tiempo ví tus dibujos en aquella exposición del Centro Cultural, auténticas maravillas sobre un papel; pero también te ví a tí... un chico enigmático, con ojos melancólicos y siempre con una libreta verde bajo el brazo.
- No es verde, es amarilla. ¿¡Usted quién demonios es para conocerme así!? - La rabia salía a trompicones cuando pronuncié aquello.
- Aquel día era verde, Lucas. Terminaste de escribir en ella, releíste cada página y la tiraste a la papelera más cercana con ira; ¿te acuerdas o no? - Enarcó la ceja y sonrió.
- Sí, lo recuerdo... volví a por ella pero ya no estaba. - En ese instante él sacó de entre la estantería que tenía a su espalda mi vieja libreta verde. - Démela, por favor. ¿Leyó algo?
- Soy igual de curioso que tú, Lucas. Por querer saber qué había detrás del escaparate de una simple librería entraste aquí; yo te ví, ví tus dibujos... me interesé por tí. Leí hasta la última letra que escribiste, de ahí saqué lo que hayaste en el sobre. - Se sentó en una butaca y cruzó las piernas.
- Pu... Pu... Pues no lo entiendo. Estoy solo en esta miserable ciudad; mis padres murieron hace años en un accidente de coche y me marché a vivir con mi abuela... hace menos de dos meses ella también murió. Creo he nacido para estar solo en el mundo. Tiene razón en todo lo que me ha dicho antes, jamás fuí valiente pero sí un soñador, ¡créame!; persigo sueños allá por dónde voy; utilizo los sueños rotos de los demás y los hilvano con sumo cuidado, uno a uno... luego los guardo y mientras duermo los recreo en mi mente, los persigo... pero no los pongo en práctica. Ese es mi gran fallo, por eso dejo que los demás se adueñen de esos hilos de los que usted habló. Me conoce demasiado sólo para haber visto mis dibujos y leído mi libreta verde, ¿no cree?
Sonrió como si le hubiera descubierto.
- Eres inteligente, igual que tu padre. ¡Ay pequeño Lucas! ¿Crees en los ángeles? - Me miró, no supe contestar. - No hace falta que contestes, todos creemos en ellos. Yo soy una especie de ángel, tú ángel. No tengo alas para volar ni una aureola dorada sobre mi cabeza; pero soy la sombra de cada uno de tus pasos, te he cuidado durante tus veinte años y sé qué es lo que quieres, lo que más deseas. Ansías ese sobre y todo lo que ello conlleva, ¿no es cierto? En este tiempo he construído para tí unas alas; no te asustes; no son alas con plumas; son alas de sueños. Siempre quisiste volar, eres un alma inquieta, pero los humanos no sólo volamos en aviones o en globos, no; también volamos gracias a las ilusiones, a las utopías y a lo sueños; si quieres alcanzarlos tiene que ser con unas alas. ¿Te atreves a volar más allá de este lugar, del mar de Vigo?
Aquellas palabras aliviaron mi alma en ese instante y me dieron el empujón que necesitaba para salir de la cárcel en la que estaba metido.
- ¿Que si me atrevo? ¿Qué me ata a esta ciudad? Siempre quise vivir con un lápiz entre mis dedos, dejar libre mi imaginación y moldear en un papel lo que tengo dentro de mí... ¿Sabe lo que sentí al abrir ese sobre? Miedo. Convivo con él desde pequeño; pensé: ¿qué hace un chaval como yo en una ciudad tan grande como París cumpliendo su sueño de estudiar Artes Gráficas? - Silencio, sólo eso.
- Han pasado varios minutos desde que abriste ese sobre, ¿habrás cambiando de opinión, no? - Sonrió y se acercó a mí.
- Sí, ¡París, allá voy! - Grité lleno de alegría. Él me abrazó.
El avión salía a la mañana siguiente, no tenía demasiadas cosas que meter en la maleta pero sí varias libretas verdes y decenas de lápices. Aquella noche ese ángel me regaló las alas de sueños que llevaba construyendo años, me contó miles de historias tal vez inventadas o no... pero en esas horas supe que los ángeles existen en este mundo, que están escondidos pero que nunca se alejan demasiado de nosotros. Tal vez mi ángel vendría a París conmigo.
Me miro al espejo. Han pasado dos años de aquello y aún pienso que todo fue un sueño. Miro el reloj. Las siete y media.
Comenzé a vestirme con pereza mientras bostezaba. Me até las Converse y me puse mis gafas negras de pasta... Desde que voy a la Escuela de Arte jamás salgo sin esas dos cosas, tal vez sean mis prendas fetiche o no, pero me siento libre sin que nadie me mire extrañado por mis pintas de Indie.
Abrí la puerta y la rutina me golpeó con violencia en mi cuerpo; pero, por primera vez, no me dolió; llevaba conmigo las alas de sueños y él estaba al otro lado de la acera apoyado en una farola observándome. Me saludó.
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Hace algunas semanas
alguien me regaló unas alas...
no sé si son de sueños o no;
no he tenido tiempo para usarlas...
tengo miedo a las alturas.
¿Me sujetarás si me caigo?
Cuando las use, te las presto Beyota;
quizá tu ángel ya te haya dado unas,
yo te dejo las mías.
Vienen con sueños: ¡es todo un lujo!
Para tí...
Es posible que mi querido enlace Lucas
también necesite unas,
no hace falta que vayas a París a por ellas;
te tengo unas aquí guardadas
para cuando decidamos huir.
"Si supieras que camino con tu recuerdo anclado a mí
y que paso cada noche esbozando tu perfil...
Si supieras que mis manos se han cansado
de no hallar esa segunda parte
que complete esta mitad..."
Para tí también...
March, 2006 ...Era El Miedo El Que Gobernaba Mis Palabras... (CuentaCuentos V)Era el miedo el que gobernaba mis palabras; siempre fui una perdedora. Gasté mi tiempo en esconderme tras oscuras pantallas deterioradas, jamás pude ocultarme tras cortinas de vivos colores que encendieran en mí sensaciones inimaginables.
- ¿Sabes Sofía? Hace tiempo que no encuentro una palabra para definirte, para ponerle una madita etiqueta a tu persona. Algunas veces, sobrevuelan por mi mente palabras que, al decirlas frente a un espejo, duelen como si pequeñas estalactitas de hielo cayeran sobre mi cabeza agujereándola. Soy cobarde, ambos lo somos; quizá lo hayamos aprendido uno del otro... o ha sido el rencor quién nos ha hecho ser así. - Un hondo silencio se impuso entre nosotros.
- ¿A qué viene todo esto? Las explicaciones llegan tarde, tú llegas tarde. El tiempo es algo vital para mí; se consume entre mis frágiles dedos, sabes que sólo me quedan cuatro meses de vida según los médicos. - Dejé escapar algunas lágrimas que acabaron por ser tragadas con pesadez por mis agotados ojos.
- ¿Qué es el tiempo? ¡Dímelo! ¿Mentiras? ¿Rencores?
- ¿De verdad quieres saberlo? - Deseé que de su boca saliera un rotundo y fuerte no, pero ni tan siquiera las paredes que me rodeaban escucharon un sólo eco de su ser. - El tiempo es algo más que un instrumento de guía; no es algo que esté encerrado en un aparato anticuado y que nos acorrala entre la rutina y las obligaciones; el tiempo es magia, ¿recuerdas qué es la magia? - En su cara se desdibujó un gris signo de interrogación - Es cierto, tú no crees en la magia. La magia es aquello que fluye: la vida; está dónde tú quieras verla.
Su gesto era sombrío. Se apoyó en la pared, lejos de los haces de luz que irradiaba el candil.
- El tiempo es eso que ahora aprecio más que nunca. Cada vez que me acuesto miro ese viejo reloj de la pared y cierro los ojos con fuerza para poder pararlo hasta que veo manchas de colores vivos... pero luego los abro y sigo sumida en una profunda oscuridad. Se me escapan los segundos, cada soplo de brisa, cada gesto, cada sentimiento vuela hacia quién sabe dónde.
- ¿Por qué te escondiste de mí tanto tiempo entre palabras sin pronunciar?
- Tengo miedo. Soy incapaz de medir esos cuatro meses que me restan de vida; sucumbo al terror de la muerte porque la veo en cada portal; incluso en tus verdes ojos. Sé que sólo te he regalado mentiras y rencor... pero tan sólo te pido una cosa. - Me levanté de la cama, todos los huesos crujieron como si alguien los hubiera roto mientras Morfeo me acunaba entre sus brazos.
- No estás en condiciones de pedirme nada, Sofía. - Decía mientras cogía del perchero su abrigo negro de cuero.
- ¡Dame tu tiempo!, ¡Sé mi reloj, mi tic-tac constante!... Cuando me apague podrás irte, no vendré del otro mundo para retenerte con cadenas de hierro.
- No. No, puedo ser eso que tú me pides que sea. Hace tiempo que ni mi reloj ni mi corazón funcionan. Tú no eres la persona que necesito para que dé cuerda a ambos artefactos... creo que ya no necesito a nadie que me dé ese empujón hacía minuteros que giran a su antojo, ya no. - Se puso el abrigo, abrió la puerta... y se marchó. Corrí hacia la ventana... era demasiado tarde, su figura se evaporó.
Nunca he sentido igual una derrota como cuando esa noche me miré al espejo y ví que bajo mis ojos unos oscuros surcos marcaban mi pálida piel.
La enfermedad nadaba plácidamente por entre mis venas; recorría con sumo placer cada rincón de mi cuerpo mientras me debilitaba y hacía flaquear mis piernas.
Tan siquiera tenía el tiempo a mi favor... ni un débil tic-tac llegaba a mis oídos.
¿Por qué alargar mi vida cuatro meses más cuando podía evitar un sufrimiento innecesario en soledad? Tal vez sea la rabia, la locura o las ganas de llorar y huir de la enfermedad... pero sola no podía hacerlo. No hay soluciones para seguir adelante sin sufrir, nadie llorará mi muerte. ¿Tú lo harás?
Me desclazé y me quité el camisón de seda que cubría mi esquelético cuerpo. Decenas de sensaciones jamás sentidas antes recorrían con gran velocidad mi cabeza; el pulso me temblaba... abrí los ojos por última vez y miré todo cuánto me rodeaba: fotos en blanco y negro, un armario en el que no sólo había ropa femenina sino pantalones de aquel hombre que me acababa de abandonar y dejar a la deriva. ¿Dónde naufragar? Llené la bañera con agua tibia, observando cada gota que resvalaba de ese grifo de cobre oxidado. Metí los pies lentamente, dejando que una sensación de placer invadiera mi cuerpo hecho trizas. Apoyé la cabeza con suavidad mientras que, con lentitud, ésta se escurría; cada vez más cerca del agua. Llené mis pulmones de una gran bocanada de aire mientras que poco a poco me sumía en un profundo sueño de angustia y dolor; nadie me oía gritar ni veía las hinchadas burbujas que sobresalían del agua. Apreté con fuerza mis puños y cerré los ojos esperando que todo acabara pronto; los recuerdos centelleaban cada vez con más intensidad.
Ví ese oscuro túnel y una blanca luz que me llamaba a gritos:
- ¡Sofía, Sofía...! Acércate más.
Caí en la tentación de estrechar aquella mano que salía de entre la luz. Una sombra me atrevesó por dentro y en ese instante me sentí vacía, sin alma.
Sólo tuve tiempo para decir una palabra: Adiós.
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Lo prometido es deuda,
más vale tarde que nunca.
Gracias por ser ese tic-tac constante
que marca el ritmo al que baila mi vida.
- ¿Bailas conmigo?
February, 2006 ...Frío...
El reloj de la suerte marca la profecía:
Las olas rompen el castillo de arena,
Estoy ardiendo y siento frío, mucho frío.
Estoy ardiendo y siento frío... mucho frío.
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"De haberlo sabido,
no hubiera dado todo en un principio,
no hubiera sido la noche en tu espalda,
ni congelandome de frío..."
Tengo escarcha en cada poro de mi piel,
ardo... pero aún así no deshago la capa de hielo...
- ¡No soples...! Tu aliento es demasiado gélido.
Usa mi llave cuando tengas frío...
tú sólo quémame lentamente.
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Últimamente tengo la cabeza llena de pájaros;
pero no me olvido de la historia del CuentaCuentos...
en estos días la publicaré. Más vale tarde que nunca.
February, 2006 ...I•U•SHE•HE...•Juegos• •tu•yo•ella•el• •hoy•ayer•ahora•mañana•entonces• •I don’t have to make the choice• •c’mon baby let’s GO• Invitada a jugar por:
10 años atrás yo...
Tenía 8 años; estaría viviendo aún el El País De Nunca Jamás... pintando con acuarelas, jugando con aquellas muñecas de trapo que aún están en mi habitación...
5 años atrás yo...
Tenía 13 años; empezaría a hacer las tonterías que aún sigo haciendo, soñaría despierta... y alguna que otra mariposa empezaba a volar a escondidas por mi tripa...
1 año atrás yo...
Tenía 17 años; planeaba viajar a Londres en verano, experimenté sensaciones totalmente desconocidas para mí... soñé imposibles... hice locuras como huir a 600 km de aquí sólo para ver una realidad...
Ayer yo...
Reí hasta llorar, pasé frío... abracé hasta ahogar al otro... me envolví en mantas toda la tarde mientras devoraba un libro...
5 Canciones de las que no me sé la letra:
Que me gusten; me sé todas las letras, pero por decir algunas que al menos tarareo y son de reciente descubrimiento:
How I Go - YellowCard
Me Agarraste - Jorge Drexler & Quique González
Supersonic - Oasis
Agua Y Horizonte - Carlos Chaouen
Something In The Way She Moves - The Beatles
5 lugares ideales para mí:
- Barcelona
- París
- Cualquier rincón de Galicia
- Londres
- Cualquiera que me permita soñar y llorar dónde no tenga que ocultarme ni sentir miedo de nada ni nadie. Un lugar dónde haya infinitos atardeceres color ámbar...
¿Cómo llegar allí? Volando, ¡mis alas ya funcionan!
5 mayores alegrías de mi vida:
- Mi hermana Nuria
- El futuro abogado, que me sostiene con fuerza a cientos de kilómetros y me regala algo más que su existencia: sus sueños, nuestros sueños compartidos...
- La sonrisa de una personita que veo todos los días a las 8 de la mañana en clase.
- Aquellos que aguantan mis defectos y me quieren así, tan imperfecta.
- Laura, quién me busca allá por dónde no estoy, que me escucha cuando grito en silencio...
5 cosas que me gusta comer:
- Chocolate, y si es con almendras mejor aún.
- Cualquier cosa que lleve pasta.
- Helado de Macadamia.
- Chicles, sugus, chupachups...
- Doritos.
5 cosas que nunca me verás usar:
- Algo de color morado.
- Botas de montaña.
- Abrigos largos hasta las rodillas.
- Pijamas lisos, sin rayas de colores.
- Jerseys de cuello redondo.
5 juguetes favoritos:
- Mi mp3 (es una extensión de mí)
- Mi portátil.
- Témperas de colores de mi hermana.
- Mi tarjeta del Blockbuster.
- Mi tabla de Surf.
5 víctimas:
Sé que son sólo cinco... pero hay alguien al otro lado al que le gustan estos juegos:
February, 2006 ...Está Usted Despedido... (CuentaCuentos IV)- ¡Está usted despedido! - dijo una voz áspera y con un eco sombrío que retumababa entre las delicadas paredes de su frágil garganta, puesto que estaba carcomida y desgastada por las decenas de puros habanos que el Señor de la Riba fumaba cada mes y que acortaban poco a poco esos hilos de los que pendía su vida.
Esas tres palabras aún seguían resonando en mi mente, tan sólo habían pasado unas cuántas horas y no me hacía a la idea de su verdadero significado.
Eran las cuatro de la mañana y andaba sin un rumbo fijo, a la deriva, perdido en mis propios pensamientos, ordenando aquellas palabras y buscando un sentido a mis futuros días sin apenas una ocupación fija.
Hacía frío, y las calles no estaban aún puestas ni engalanadas para recibir una mañana soleada llena de ajetreos, de rutinas y de pasos firmes y decididos de aquellos que convirtieron el trabajo en una maraña de hábitos adquiridos, tranformando las ocupaciones y las reuniones en una segunda vida, paralela a aquella que se postraba cada noche delante del televisor mientras se cenaba.
No me quedaba nada, tan sólo la vergüenza y el rubor que coloreó mis mejillas.
Dibujé varias eses cada vez que caminaba, recorrí un par de veces la misma calle y después cambiaba de acera; todo para no volver a casa y enfrentarme con la dura realidad que tenía frente a mis ojos.
Las primeras luces del alba me sorprendieron en el portal de mi casa, apoyado en la pared, pues apenas me quedaban fuerzas para seguir vagando por las calles de esta ciudad que ni siquiera tenía un hueco para mí.
Cuando llegué a casa me quité aquel traje gris que me había acompañado tantos años, que me hacía parecer un hombre atractivo y que ocultaba perfectamente todas mis miserias personales... me metí en la ducha deseando desaparecer por los diminutos agujeros del desagüe e ir a parar a un inmenso mar. El vaho vaciaba de desprecio y de odio todos y cada uno de los poros de mi curtida piel, el agua resbalaba lentamente por mi pelo perdiéndose por mi pecho, recorriendo mis piernas y terminando por escaparse por esos diminutos agujeros que ahora eran de mi total envidia. Ahí permanecí durante veinte minutos, bajo suaves torrentes de agua caliente mientras que poco a poco me armaba de valor y fuerza para volver a aquel lugar que hasta ayer era mi trabajo, mi vida. Tan sólo eran unos cuántos bártulos los que tenía que recoger pero para mí eran pesadas losas de piedra, unas losas en las que estaban grabados decenas de recuerdos: risas, viajes de empresa, proyectos, ascensos que creía imposibles... y ¿por qué no?, también hubo tiempo para amantes sensuales que hacían de un día agotador un auténtico paraíso terrenal.
Salí de la ducha como si hubiera perdido la guerra más importante del mundo y me cubrí con una toalla deseando ahogarme entre esos suaves tejidos de algodón. Era absurdo, sí... pero el pánico acechaba en cada rincón de mi mente impidiéndome comportarme como un auténtico hombre: fuerte, serio y sin ningún tipo de debilidad. Siempre fuí un tipo así; alguien que se escudaba en un traje gris marengo y una sonrisa que emitía confianza y seguridad; jamás tuve escrúpulos a la hora de alcanzar un puesto de mayor rango; incluso era capaz de pisotear a cualquier tipejo que se me pusiera por delante... y eso me llevó a la quiebra y a la caída de los cimientos en los que edifiqué mi vida.
Miré el reloj. Cuarenta y cinco minutos quedaban para ir a aquella oficina y recoger las pesadas losas que allí me esperaban, apartadas en el rincón más sucio de toda la planta y en cajas de cartón. Me vestí a toda prisa y cogí el autobús número setenta y dos rumbo al infierno.
El viaje se hizo interminable, observé por última vez esas vistas que mis ojos conocían tan bien, decenas de imágenes volaban por mi cabeza como diapositivas: aquellas casas antiguas y suntuosas que llevaban abandonadas décadas, aquel puesto de periódicos que, incluso en los días de nieve y ventisca, permanecía abierto desafiando las leyes del tiempo... todos esos recuerdos también pesaban sobre mi espalda.
Fin del trayecto. Delante de mis ojos tenía aquel edificio gris y majestuoso que se alzaba en medio de la ciudad casi rozando el cielo. Cogí el ascensor. Quince pisos, cada vez más cerca del cielo pero cada segundo más lejos de esa vida tan perfecta que yo mismo había moldeado. Las puertas se abrieron; becarios, secretarias y demás personal iban y venían de un lado a otro; papeles, fotocopias, el ruido de las teclas del ordenador... el humo, el olor a café de máquina... mi mente hacía rápidas fotografías a cada imagen, grababa cualquier sonido...; en ese instante mis ojos se llenaron de lágrimas, ¿hace cuánto que no lloraba? Años, demasiados años.
En medio de aquella jauría una joven se me acercó.
- ¿Señor Sauvelle? - susurró educadamente.
- Sí, el mismo.
- Acompáñeme por favor. Siento ser yo quién le de sus pertenencias; tan sólo soy una mandada. - dijo ella con resentimiento.
- No se disculpe; entiendo que nadie quiera despedirse de mí... aunque haya estado trabajando para esta empresa más de diecisiete años. - Dije con melancolía.
Anduvimos por largos pasillos hasta llegar a un pequeño cuartucho donde se guardaba, creo recordar, los contratos de los trabajadores.
- Aquí tiene; yo misma recogí todo lo que había en su despacho. Miré los cajones, el armario... todo está ahí dentro. - Me regaló una bonita sonrisa, me dió la espalda y su presencia se evaporó.
Agarré las dos cajas, cada una con un brazo, y las pegué a mi cuerpo; quería sentir al menos un mínimo de roce, quería sentir que aún estaba vivo.
Huí lo más rápido posible de ese lugar y evité echar la vista atrás; pero fue imposible. Jamás viviría aquello otra vez... ¡Está usted despedido! Otra vez aquellas malditas palabras repiqueteaban en mi cabeza.
Una vez en la calle, alzé la mano y cogí un taxi.
La tarde caía sobre Bilbao y el cielo se tornaba de color ámbar. No quise refugiarme entre paredes que me aprisionaran aún más en mí mismo, necesitaba volar, ir más allá de esos límites en los que había estado encerrado durante muchos años. Aquella noche ahogué mis penas en litros de alcohol, me acogí a mi derecho de hundirme en tabernas de mala muerte y sucumbí a mis deseos desenfrenados de locura absoluta. La noche se hizo larga, la cabeza me daba vueltas, mi corazón palpitaba con fuerza... nadie me oía gritar, ni siquiera, a la luz de una luna llena, nadie me escuchaba aullar como un lobo perdido en medio de una gran ciudad, solo y sin nadie que le ampare bajo un brazo protector.
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Quizá yo fuí ese lobo que se sentía desamparado
en medio de una inmensa urbe;
pero, ¿quién me rescató?
Sencilla respuesta, ¡contéstate tú!
Hay varias marcas que se pueden dejar en un cuerpo;
algunas son superficiales,
otras más profundas, esas son las que no se borran;
aunque intentes soplar con fuerza
desde allí, desde lejos...
Gracias por huir una vez más.
February, 2006 ...No Deberías...
La luz es tenue a este lado de la ventana.
Si quieres que pueda ver algo deberías encender la lámpara que pende del techo.
Bien, mejor, ahora sé por dónde estoy volando. No quiero perder los colmillos chocándome contra esta fachada.
¿Qué haces?
Sabes bien de dónde vengo y cuáles son mis instintos así que no te recomiendo que me abras.
Sin querer podría hacerte daño.
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Constantemente tengo el mismo sueño; pierdo mis amigos porque descubren lo que soy y les da miedo. Huyen. Por eso salgo a buscarte, porque tú me aceptas y tratas de correr el riesgo por sacar de mí aquello que dices merece la pena. Y no deberías, no, no deberías. Aún así, gracias... ¿Te clavé los colmillos la última vez? February, 2006 ...Esta Mañana, Después De Tanto Tiempo, He Vuelto A Ver Mi Nombre Escrito En El Periódico... (CuentaCuentos III)Esta mañana, después de tanto tiempo, he vuelto a ver mi nombre escrito en el periódico. ¿Una equivocación? ¿Una casualidad? No, no creo en ellas.
¿Por qué ese hombre sabía mi nombre, mi identidad? Demasiados interrogantes para un único y simple nombre.
Eran las siete y media de la mañana cuando salí del portal de casa rumbo a la abrumadora rutina que cada día me esperaba a unas cuantas estaciones de metro. El suelo estaba húmedo y una fina lámina de hielo cubría tímidamente los coches.
Exhalé un poco de aire y diminutas volutas de vaho salieron de mi boca mezclándose con el frío aire que me envolvía. Ninguna sombra me acompañaba en el corto trayecto hasta el metro, tan sólo algunos escalofríos que hacían temblar mi cuerpo cubierto por decenas de capas de ropa.
Me adentré en el interior de la tierra, bajé escaleras y más escaleras sin encontrarme con nadie hasta que llegué al andén. Varias figuras llenaban el estrecho corredor, cada una de ellas perdidas en sus propios pensamientos: unos bostezando y maldiciendo el comienzo del día, otros inmersos en melodías de canciones que despiertan no sólo el cuerpo sino también el alma, otros con los ojos clavados en cualquier baldosín del suelo... y así todos los días; observando uno a uno cada persona que dejaba tras de mí, imaginando quiénes eran, qué pensaban en esos instantes, qué soñaron anoche...
Dos minutos, según el letrero luminoso, faltaban para la llegada del tren. Me senté en el penúltimo banco y saqué un libro del bolso. Mientras leía me sentí observada, levanté la vista y mis ojos se cruzaron con una mirada brillante y color esmeralda que fue dulcemente sostenida y dirigida a mis ojos hasta que yo la esquivé bruscamente, puesto que un leve color encarnado tintó mis hasta entonces pálidas mejillas. Continué inmersa en las líneas de aquel libro, entremezclándome con ese personaje ficticio que tanto me recordaba a un antiguo amor y que me permitía evadirme por algunos momentos del insoportable bullicio que me rodeaba.
A lo lejos se oía el chirrido del tren, cada vez más cercano, y todos, al unísono, nos levantamos para acercarnos aún más a las vías. Aquel hombre continuaba mirándome, pero esta vez de reojo; no me gustaba esa sensación y más cuándo se aproximó a mí rozándome el brazo. Deseé que las puertas se abrieran en ese mismo instante, y así fue; el pitido que avisaba el cierre de las puertas terminó por despertame completamente. Respiré hondo, aliviada por una vez de estar rodeada de rostros desconocidos. ¿Dónde estaba?...
Levanté varias veces la cabeza para buscarle, incluso me puse de puntillas para mirar más allá; sin rastro de él. Me sentí seducida por esa profunda mirada, tan sólo recordaba eso, tan siquiera llegué a fijarme en las líneas de su rostro.
Los minutos se me antojaron horas y los empujones me impedían acercarme a la puerta para intentar respirar y despejarme las ideas. Cuatro estaciones dejé a mi espalda, abrí la puerta y una inmensa marea humana me llevaba hacia las escaleras mecánicas sin necesidad de mover mis dos pies, la corriente lo hacía por ellos. Me coloqué a la derecha, mientras veía subir aceleradamente hombres enfundados en oscuros trajes, niños con pesadas mochilas, mujeres dando los últimos retoques a su maquillaje... el mundo seguía girando a gran velocidad, seguía vivo. Mientras observaba todo ser viviente, giré instintivamente la cabeza y ahí estaba; el hombre de ojos color hierba fresca, recién cortada. Una amplia sonrisa se dibujaba en su bronceada cara, sus dientes blancos parecían perlas sacadas de lo más profundo del oceáno; era joven aunque con un gesto melancólico en esos ojos. Sacudí la cabeza y paré de observarle; continué caminando por aquellos pasillos que tanto conocía, sucios, oscuros... y de fondo esa voz que susurraba canciones de Silvio Rodríguez mañana tras mañana.
Tan sólo faltaba una escalera para salir a la superficie, para respirar un aire cargado de humos, de olores, de rutina. Un mano me asió por el brazo y tiró suavemente de mí. Entorné los ojos y ahí estaba, petrificado, con un gesto serio y temblando.
- ¿Leíste ayer el periódico? - su voz era cálida, nada que ver con ese gesto frío y distante que aparentaba poseer.
- ¿Cu-cu-cuál? - la voz me empezaba a fallar.
- El País, en uno de los suplementos. Esa sección de: Te ví...
- Sí, lo leí. Me encanta esa sección... y más cuando aparece mi nombre escrito. - dije mientras una media sonrisa aperecía en mi cara.
- Fuí yo quién escribió aquello, vamos, quién lo envió a la redacción del periódico. Sé que siempre lees ese suplemento, sé cómo te llamas... - un incómodo silencio se asentó entre ambos. - Llevo observándote algunas semanas, un día te ví con El País... y, ¿qué mejor idea que darte una sorpresa?
- ¡Y menuda sorpresa! - dije irónicamente. - El viernes, cuando salí de casa, subí a la otra boca de metro porque dentro hay un quiosco de prensa y lo compré. Me senté en el mismo banco en el que me siento todas las mañanas desde hace seis años, y abrí el periódico por esa sección. - hice una pausa. - Me gusta leer esos mensajes: alguien que quedó sorprendido por los ojos de otra persona, alguien que observando más de la cuenta se fijó en un gesto, en un rostro y quedó prendido de algo... siempre imaginé que eso era imposible, que nunca me pasaría a mí; hasta que aparecó mi nombre y una brevísima descripción... ese mismo día, a esa hora yo estaba ahí, en esa estación de tren, leyendo ese libro con el mismo título que pusiste en el mensaje. - suspiré, tratando de recuperar el aire que gasté cuando hablaba deprisa, sin pensar. -
Eran las ocho y cinco, si no me daba prisa llegaría tarde a clase. Él notó mi impaciencia aunque intenté ocultarla.
- ¿Tienes que marcharte, verdad?
- Sí... en diez minutos empiezo las clases... ¿Tienes pensado hacer algo ahora? - me arrepentí de haber formulado aquella estúpida pregunta.
Él sonrió.
- Debería ir al instituto - miró su reloj - aunque ya llego tarde a la primera clase. ¿Tomamos un café?
No supe que contestar, era un completo desconocido, aunque el hecho de que lo fuera me atrajo aún más. Acepté ese café.
Subimos las escaleras que llevaban hasta la calle, en silencio, mirándonos de reojo. Yo temblaba, no sabía qué preguntar. ¿Cómo se llamaría? ¿Cuándo me vió por primera vez? ¿Qué vió en alguien como yo?... Estaría ciego, nunca entendí por qué había personas que se fijaban en mí.
Mi nombre en el periódico, por segunda vez... la primera fue una broma infantil de un viejo amigo; pero esta vez era real, alguien que no conocía intentaba conocerme mientras, sentado o de pie, me miraba con, al menos, un mínimo de atención. - Odio los silencios. - dijo él sin más- Voy a llevarte a otro lugar, un lugar donde sirven el mejor café de Madrid, pero tenemos que volver bajo este suelo que estamos los dos pisando, ¿te parece?
- De acuerdo. - sonreí - Me gustan las huidas y más cuando no se planean. ¿Sabes qué? Podríamos ir al fin del mundo tras ese café. - dije con tono burlón.
Dimos media vuelta y nos metimos en el metro, decenas de personas iban en nuestra contra, salían a toda prisa, deseando tener sobre sus cabezas no una ciudad entera, sino el cielo.
Continuará...
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Un trocito de esta historia es para Driarka,
cuando quieras nos vamos al fin del mundo xD!!
Y otro trocito es para, a día de hoy,
una de las personas más importantes de mi vida: Emilio.
Sobran las palabras, sólo importan los gestos
y esos silencios que hablan por sí solos...
Gracias por tenderme tu mano
cuando creí estar en el pozo más profundo,
por iluminar mis ojos otra vez...
por crear una nueva ilusión.
Te Quiero... February, 2006 ...El Pulso Me Tiembla...La rabia recorre lentamente mis venas,
saborea con dulzura mi sangre... se entremezcla con ella.
El pulso me tiembla.
Mis ojos ya no buscan dónde guarecerse,
se escabuyen de falsas miradas.
El pulso me tiembla.
Mis lágrimas aúyan escapar de su habitáculo,
perderse mientras recorren mis mejillas.
El pulso me tiembla.
Mi mente anda soñando con días como aquellos,
sigue viajando por mundo inventados.
El pulso me tiembla.
Mis manos sostienen restos de esos hilos invisibles
que hoy por fín se rompieron en infinitos pedazos.
El pulso me tiembla.
Busco a quién llenar de abrazos,
a quién mojar su hombro de amargas lágrimas.
El pulso me tiembla.
Ansío gritar, quedarme sin voz,
ser un ser sin corazón.
El pulso me tiembla.
Quiero escapar, correr...
...bailar al son de alguna triste canción.
El pulso me tiembla.
¿Qué es esconderse?
¿Ocultar que solo hay vacío?
El pulso me tiembla.
Terminaron por temblar los cimientos
sobre los que construí mi propia soledad.
El pulso me tiembla.
¿Ahora qué?
Sólo...
...PAZ
El pulso ya no me tiembla.
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Recordaré esta fecha como el principio del fín...
Dibujaré en mi cara una amplia sonrisa,
querré a quién me sostenga con fuerza...
buscaré rosas en el mar...
Se acabó... POR FÍN...
...o9/o2/2oo6...
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